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Travesía sobre la luna rota
(un cuento para representar)
Texto: Sabrina Toloza de los Santos
(El escenario estará semioscuro; Del centro emergerá una luz azul, como si fuese un lucero, una estrella o el simple indicio de una promesa, esa luz nos permitirá ver la habitación de una niña de seis años. De inmediato, se percibirá un contraste entre la alegría que provocarán aquellos juguetes y la transformación del cálido azul a una lúgubre luz, fatídica, que se irá adueñando de todos los colores. Sobre la mesita de noche, habrá un jarrón con flores amarillas, el acomodo de éstas supondrá que han sido arrancadas del jardín, arrancadas jugando al escondite y colocadas en ese jarrón con cierto desparpajo. Al lado habrá un frasco con pastillas, redondas y blancas. La cortina de la habitación se encontrará semi-abierta; Allí estará Helena, escondida, mirando hacia el cielo. Poco a poco asomará su cabecita. Dirigirá sus palabras con tono curioso al público. Y de nuevo la lúgubre luz se convertirá en promesa)
Helena.- ¿Te has sentado alguna vez arriba de la luna? Yo no. Lo he intentado muchas veces, desde aquella noche que estábamos en la casa de mi tía Clara, en el rancho de la Sierra. Mi papá y yo nos tendimos en el pasto, y veíamos las estrellas y me enseñaba sus nombres, yo, las sentía aquí, aquí, en mis ojos y el aire, puf, puf, puf, pasaba por mi cuerpo como si quisiera atravesarlo. Pero no pudo, como yo, subirme a la luna. Selene, me dijo me papá que se llamaba, y me dijo también que algún día me subiría en ella. (se percibirá el repentino miedo de la niña) No siempre se ve linda. A veces, es como el ojo de un monstruo, cíclope, como dice mi papi, que nos mira atento, sin parpadear, esperando una pequeña distracción de nosotros, para luego tumbarnos y enmudecernos. (Se repondrá del miedo) Pero yo no le tengo miedo, por que sé que hay muchos tipos de lunas, y esa se va rápido. Aunque yo quiero subirme en esa, yo quiero esa, en la que me dijo mi papá que me subiría, la misma que lo alumbró el día del accidente. (Una luz mortecina, claro-oscuro que se cuela por los objetos y solo nos permitirá ver a la niña, bajo la ventana, sentada sobre sus rodillas) Íbamos en el carro, yo estaba sentada en las piernas de mi mamá. De pronto escuché como si aventaran una piedra contra el vidrio, un ruido muy fuerte, muchos ruidos, fuerte, fuerte. Mi papá se descontroló y movía el carro para todas partes, tiró su cabeza contra el volante, y luego vi una camioneta negra pasar por delante de nosotros. Mi mamá me gritaba -agáchate, no veas, voltéate, no veas- mientras trataba de poner su pie en el freno del carro. Tenía mucho miedo, pero si gritaba podía asustar mas a mi mami. Miré a la luna, que estaba así ( construirá con sus dedos índices sobre las comisuras de sus labios una sonrisa seca, forzada, parecerá que en sus labios posa una triste luna menguante) Viéndonos. Asustada. Luego vi a papá... La sangre se le salía por la cabeza, corría muy rápido, yo creo que huía de la piedrita de oro que se le metió a la cabeza, por que ha de doler mucho tener una piedra adentro. Se le salió toda la sangre, cuando llegó la ambulancia él estaba vacío, no hablaba, no se movía, no podía vernos. Yo creo que se lo llevaron a ponerle más sangre, pero todavía no lo han traído. Y mientras, La Luna, Selene, sigue esperándome. Yo ya le dije que no voy a poder subirme en ella, pues no está mi papá, pero insiste y me mira todas las noches.
(La promesa-luz-azul otra vez brillará en medio del escenario, parecerá que Helena ha entrado a un mundo onírico, de ensueño) El otro día me quedé viéndola, mucho, mucho rato y hasta pensé que me había subido en ella, y luego de un sorbo me la tragaba, y andaba así, barrigona. Tita me dijo que era una mentirosa, por que la luna no puede tragarse y que para subirte a ella necesitas unos trajes especiales. Yo no le creí. Desde esa vez la veo todas las noches, hasta que suena el despertador de mi mami y viene y me dice -Helena ya está listo el uniforme- Me gusta ver como el cielo se hace del color del mar, clarito, clarito y después la luna se me mete a la cabeza. Pero aquí adentro pesa, y tengo que caminar despacio para que no se caiga, la maestra yo creo que se dio cuenta, por que el otro día me preguntó si estaba bien, si me sentía bien y yo le dije (la niña moverá lenta y afirmativamente su cabeza, por lo que será visible su pesadez, su cansancio) luego me preguntó si tenía algún problema, si traía algo adentro que no quería decir, y le dije (hará una negación con la cabeza) Y después me preguntó si dormía bien y le dije muy orgullosa, Sí, en la luna. Creo que eso no estuvo bien, pues le mandó un recado a mi mamá, y luego de platicar con ella, mi abuelita me llevó con un señor que hacía muchas preguntas, pero no le contesté, nada mas le dije, no se preocupe, duermo sola. No me creyó por que me siguen llevando con él, a veces mi tía Emma, a veces mi tío Carlos, a veces mi abuelita, mi mami nunca, yo creo que ella se queda a esperar a papá. Alguien le habrá contado a ese señor lo de la luna, por que me ha pedido muchas veces que le dibuje lo que sueño, lo que veo en las noches, pero para que se confunda yo le dibujo una manchota roja, roja, en la hojita que me regala. La última vez que fui, le dio a mi abuelita unas pastillas redondas, y le dijo que me diera un pedacito por las noches. Saben a limón, pero no me gustan, por que cuando me las tomo se me cierran los ojos, como si trajera dos costalotes de arena. Sé que todo es una trampa. Ya no quieren que Selene sea mi amiga, mi abuela tampoco, pues puso unas cartulinas negras afuera de la ventana de mi cuarto, para que ya no me distraiga, me dijo. Pero ahora en la mañana salí al jardín a cortar flores y arranqué un pedacito del cartón, claro, luego lo pegué por dentro para que no se dieran cuenta del hueco, y así lo quito cuando quiera ver a La Luna. Aunque esta noche no está, ya la busqué. Sólo veo unas nubes grandotas, grandotas. ¿Se habrá escondido? ¿Estará en la cabeza de otra niña? (Helena se levantará con evidente aflicción en el rostro, caminará por su recámara, tomará el pastillero, y se detendrá un rato a mirar las pastillas, se percibirá curiosa y divertida) Estas pastillas parecen lunas (Sacará las pastillas del frasco, tomará una y la observará detenidamente, evidenciará el miedo que le provoca la luna llena) Es como el cíclope. (Lentamente la acercará a su boca, como si fuera en realidad a ser atacada por un monstruo, la morderá como si hubiese vencido a la bestia y se alegrará al ver que formó con la pastilla una luna menguante) Así, así me gusta, es como una cunita. (Sacará todas las pastillas y de una en una las irá mordiendo, contenta por tener muñas lunitas. Parecerá que ha vencido a un ejército de cíclopes. Será evidente como sus ojos se volverán pesados, como poco a poco se irán cerrando, y como apenas podrá balbucear unas palabras ) Es... como... es... como... Es como lunitas... Tengo muchas lunitas... La muerdo y se hacen mis lunitas... Mira... (Mostrará esa ultima lunita, y cerrará los ojos, la luz azul dejará de ser promesa y la funesta y fatídica atmósfera provocará un largo silencio, a lo lejos titilante se observarán todos los sueños de la niña revueltos y en medio de ese caos solo podrá pronunciar una sola palabra) ¿Papá?
(Vendrá el oscuro final. El público habrá de aplaudir, los más sensibles derramarán dos lágrimas. La gente saldrá del teatro, sus conciencias estarán tranquilas. Comentarán la representación, en el lobby, en la plaza, en la cenaduría, en el camino a casa, sacarán hipótesis sobre el caso de Helena, sus lenguas se divertirán y luego en la boca se les estrellará una piedra rota... cuando digan “así pasan las cosas”. Todo esto podrá suceder cada que una luna se rompa en los labios de una niña, después de uno de los llamados ajustes de cuentas)
El texto, Travesía sobre la luna rota, se representó en el verano del 2001 en el foro del Café Altazor. Mismo que estuvo representado por la propia autora.
Mazatlán Sinaloa, julio 2001
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